Un nuevo año… o no

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Parece que el año empieza como terminó, con una gran tormenta.

Estoy sentada delante de mi ordenador y me pregunto hasta cuándo van a aguantar los cristales de las ventanas todo ese viento, granizo y el rugir furioso de las olas.

Puede que la tormenta pase, pero hay cosas que por mucho que nos obliguen a repetir, no van a pasar.

Este año, como siempre, dejaron de “crear” noticias para ocuparse de mantenernos informados de “lo importante”: las campanadas, las uvas, que hay gente que se muere de hambre, pero sólo por Navidad, el Gordo de la Lotería, lo gordos que nos ponemos por estas fechas y todas esas impactantes noticias que repiten y repiten año tras año con cara de inusitada novedad. En fin, para eso les pagan.

Es curioso que no ocurra nada mientras hay fiestas o vacaciones, pero en cuento cesan, las noticias empiezan a crecer como hongos.

Cada hongo creado con algún fin, claro, con su conclusión y todo, ya que la gente no es capaz de sacar conclusiones por sí misma. No importa, se las dan hechitas para que las repitan durante todo el año: “Estamos saliendo de la crisis” “Parece que hay brotes…” “Hay que marcharse a Alemania” “Nuestro sacrificio ha dado sus frutos”…

Eso de repetir y repetir la lección una y otra vez, funciona. Se la creen. El problema es que les plantees algún tipo de pregunta sobre temas que tienen tan claros. Ellos se saben la frase que les ha dado “el profe” en los apuntes. Es más, no dudan de su veracidad, pues la han visto por escrito o la han oído en algún medio, no importa cuál sea. Sólo por ello, tiene credibilidad. Vamos, ¡qué vulgaridad eso de poner en cuestión a la autoridad! Anda, me ha salido un pareado.

Aparte del comienzo de temporada con la invención de noticias, hay otra estrategia muy útil e igualmente repetida, la ocultación de otras que es mejor que no sepamos. Es mejor lo de la fe ciega, en plan secta.

Existen pues, temporadas sin noticias, período de creación o invención de noticias y “no noticias” de cosas que sí ocurren, pero que no debemos conocer.

Tampoco todo esto importa demasiado, pues los votantes, que son los que en realidad interesan, están de rebajas y después de éstas, tienen que empezar a hacer régimen para primavera y luego llega el verano y ¡puf! vuelta al apagón de noticias. Algo encontrarán que puedan repetir para aquellos desgraciados que no puedan marcharse de vacaciones.

Bueno, voy a asegurar las ventanas para que no las rompa el viento. Vamos, que empiezo el año, como lo acabé, oyendo el rugido del viento y negándome a dejarme embaucar por las “no noticias”. Rara que soy.