¿Cuál es tu esclavitud?

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Nadie es libre.

Si fuésemos libres seríamos felices… o no.

Todos somos esclavos de nuestras ideas.

Sólo nos pertenece una parte de nuestra libertad, el resto la compartimos con los demás de una u otra manera.

Imaginemos que no estamos satisfechos con nuestra vida y después de ver una película o leer un libro inspirador, nos empeñamos en cambiarla por completo.

Dejamos nuestro trabajo, nos divorciamos de todas nuestras ataduras sentimentales y de todas aquellas personas que participan del sabroso pastel de nuestra libertad.

Nos vamos del país para ser libres. Aterrizamos con nuestro pastel al completo en otro país dispuestos a comenzar nuestra nueva vida y dispuestos a no compartir nuestra preciada libertad.

No pasará mucho tiempo hasta que seamos conscientes de que la libertad no se consigue por cortar con un presente que no nos satisface.

La verdadera libertad se consigue obrando acorde con nuestras convicciones y dejando de escuchar esa voz interior que nos susurra que estamos siendo poco valientes por no elegir lo que en realidad queremos, nuestra verdadera pasión.

El problema radica en encontrarla.

Por eso, estamos presos de nuestras propias fronteras y paseamos por las sombras que nosotros mismos creamos, fomentando nuestra esclavitud.

Todos tenemos una.

¿Cuál es la tuya?