Poderes sobrenaturales

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No hay nada que me impida caminar, pero tengo la sensación de avanzar dentro de agua. Tal es la resistencia que puedo sentir a cada paso que doy. Me duelen los muslos, están duros como piedras, pero sé que debo caminar más deprisa. Voy a cámara lenta. Si sigo así, no tardará en alcanzarme.

Una mirada suya en aquel callejón oscuro al cruzarme con él y ya sé lo que quiere.

Conozco esa mirada y al tipo de hombres que miran así.

Una ola de furia ha recorrido mi cuerpo.

La calle se me antoja aún más larga. Infinita. Parece de goma, una calle que estira. No se acaba nunca y oigo claramente su respiración profunda detrás de mí. Ni se molesta en correr. Disfruta viendo que tiene todo el poder. Se ríe mientras observa cómo apuro el paso, sin que pueda ir más deprisa.

Avanzar dentro del agua es difícil y correr es imposible. Los músculos de mis piernas se tensan aún más con el esfuerzo. Miro al suelo y no lo entiendo. No veo agua, pero la sensación sigue ahí, ¿Acaso es un sueño? Si es así, quiero despertar. Estoy cansada de la resistencia con la que se enfrentan mis piernas. Mi corazón late con fuerza y su respiración está tan cerca, que creo que no tiene más que estirar su brazo para alcanzar mi espalda.

No sé qué intuición hace que intente impulsar todo mi cuerpo hacia arriba, en un intento de salir de allí hacia el cielo, ya que la tierra se me resiste cada vez más. Un pequeño impulso hace que me levante varios metros del suelo. Ni yo entiendo lo que me impedía caminar, ni entiendo ahora lo que hace que pueda volar.

Desde arriba lo veo lejos, pequeño. Según voy cayendo se hace más grande y cuando aterrizo de mi torpe vuelo, lo hago justo entre sus brazos. Más bien garras, para mí, por la fuerza con que me aprieta la cintura. No me va a soltar.

Ahora sonríe. Me tiene. Empieza a rozar la tela de mi vestido.

Mi rabia es tanta que no puedo casi respirar. Ahora me pesan los brazos, los siento como dos yunques. Cierro un puño y, sin pensar, golpeo su cara.

El golpe me impulsa hacia el cielo y desde allí veo cómo la sangre brota a borbotones por toda su cara, una sangre oscura y densa. Le he dado de pleno con una extraña fuerza que no me pertenece. Oigo gritos de dolor y veo cómo se retuerce en el suelo.

Una ola de placer recorre todo mi ser. No sólo me he librado, sino que el agresor, ha pasado a ser el agredido. El miedo, se ha trasmitido como un virus. Y es él ahora quien lo tiene. Está infectado, como lo estaba yo hace unos minutos.

Mira hacia arriba con pánico y echa a correr por el callejón.

Me siento feliz. Tengo superpoderes.

Creo que voy a estar muy ocupada a partir de ahora.