Mi tesoro invisible

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Todos somos propietarios de un tesoro privado.

Un tesoro que nunca podemos compartir al cien por cien, pues su significado es tan íntimo que sólo puede ser interpretado por nosotros.

Cuando hablo de este tesoro, me refiero a cada uno de los libros que hemos leído, a todas las películas que hemos visto, al mapa de los viajes que hemos hecho, las imágenes que se han quedado grabadas en nuestra memoria o a los vinos que hemos probado y cuyo sabor no hemos podido olvidar. Un tesoro todo él compuesto de experiencias convertidas en sensaciones y sentimientos que nos pertenece exclusivamente a nosotros.

Ningún sistema ha podido detectar el mío en ningún aeropuerto o frontera que he atravesado. Es como si llevase una maleta oculta e invisible de la que nadie puede percatarse y que me acompaña siempre.

No puedo evitar esbozar una pequeña sonrisa cuando paso algún control y pienso que no lo ven, que es indetectable, que de tan mío, es invisible para los demás.

Mi tesoro cruza y cruzará con total libertad todas las fronteras y aduanas. Y también sé que, a medida que pasa el tiempo, aumenta, porque lo alimento y lo cuido, incrementando su valor cada vez que puedo.

Existen pocas excusas para no ser poseedores de este tesoro, pues no crece con dinero, crece con el tiempo y las experiencias.

Sólo las dudas, las decepciones, la pereza, la inactividad, lo pueden destruir.

¿Qué vas a hacer hoy, leer, ver una peli, irte de viaje, beber un buen vino o aprender algo nuevo? No importa lo que sea, pero asegúrate de que te hace feliz y emborráchate de vida.

Ya verás como no podrás evitar sonreír la próxima vez que cruces una aduana.

2 comentarios en “Mi tesoro invisible”

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