Sin razón aparente

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¿Alguna vez os habéis sentido mal sin razón aparente?

Existen ocasiones, en las que no dejamos de preguntarnos qué es lo que ha podido ocurrir para que nos sintamos mal sin que haya una explicación, o sin que hayamos notado que pasaba algo.

En estas situaciones lo lógico es que busquemos respuestas que se basan únicamente en suposiciones, pero éstas no suelen tener nada que ver con la realidad.

Intentamos encontrar respuestas donde no las hay y no las hay porque nos falta información para comprender el problema en su totalidad.

Los más inseguros se culpan, o dudan, si han dicho o hecho algo malo.

Sin embargo, hace años que sé, y por eso quiero compartirlo con todos vosotros, que aunque no exista razón aparente para nuestro malestar, suele haberla.

Hace mucho tiempo una amiga me dijo que, si yo me sentía mal con una situación o con una persona, no intentase aguantar pensando que la equivocada era yo o que era por mi culpa. Que el dolor lo produce algo y que, aunque no se entienda en ese momento, soportarlo o pasarlo por alto, no es una buena opción.

En principio, lo que parece un razonamiento con muy poca lógica, nunca me ha fallado.

Si me siento mal, es que hay algo mal aunque, en ese momento, no alcance a comprenderlo.

El otro día estuve con una amiga. Pasamos el día juntas, ella me puso al corriente sobre cambios que se habían producido en su vida, sobre su nueva relación, su trabajo. Cenamos juntas, charlamos y nos reímos.

Aparentemente, era una salida normal con una persona a la que hacía tiempo que no veía. Sin embargo, cuando regresé a mi casa después de esa cena, no podía librarme de una extraña sensación en el pecho que me cuesta definir. No me sentía bien, pero ¿cuál era el motivo? Evidentemente era yo, porque no había ocurrido nada para que esos sentimientos aflorasen en mí.

No hubo mucho contacto más durante los días posteriores y la cosa quedó así.

Hoy recibí una llamada de esa amiga. Charlamos cortésmente y sin intención alguna por mi parte, volvió a surgir el tema del día de aquella aciaga cena.

Comencé por preguntarle algunas cosas que ella parecía no oír, ya que me contestaba con otras o no respondía. Finalmente, algo acosada por mis insistentes indagaciones, me dijo que tenía que solucionar mis problemas porque algo me pasaba ya que yo percibía una realidad deformada. Quizá tuviese un problema y no me había dado cuenta.

Ingenua de mí, después de haber zanjado el tema y creído en su buena fe, durante esa conversación, me entero de que aquella noche su intención real había sido hacerme daño.

Lo había hecho, y de forma tan sutil, como si de un novio vengativo se tratase.

Confieso que me encontré bastante estúpida ya que, como os dije, no es normal sentirse mal sin motivo, pero quise, una vez más, confiar en la buena fe de la raza humana. Y me equivoqué otra vez, haciendo caso omiso del aquel extraordinario consejo de aquella primera amiga: “Si te sientes mal, sigue tu corazón aunque no lo entiendas”.

Quizá si hubiese estado más alerta o si se hubiese tratado de un hombre… Perdonad chicos, pero ya sabéis que muchos de vosotros seguís algunas estrategias parecidas.

Por eso, si en cualquier situación o en compañía de otra persona os sentís mal, no os lo estáis inventando, suele existir una explicación, aunque no siempre es fácil de ver.

La explicación de mi amiga fue simplemente que quería vengarse de algo que yo había dicho sin mala intención. Creo que lo más honrado por su parte hubiera sido planteármelo abiertamente, pero decidió actuar de una forma cobarde que y lo que ha hecho en realidad, es dañar nuestra ya inexistente amistad.

Por tanto, después de sentirme la persona más desconfiada de la tierra, vuelvo a sentirme la más feliz al comprobar, una vez más, que debemos confiar en lo que sentimos. La explicación lógica suele aparecer con el tiempo.

2 comentarios en “Sin razón aparente”

  1. Muy acertada como siempre, Livia. En cada artículo tuyo, vas contando todas esas cosas que se me pasan a menudo por la cabeza (imagino que no solo a mí) pero que raras veces me atrevo a verbalizar. Tiene mérito, sin duda. Un abrazo.

    1. Muchas gracias.

      Según mi experiencia, después de toda la gente con la que he hablado en mis viajes y de todas las personas que he conocido de todas las nacionalidades, he aprendido que todos tenemos problemas parecidos.

      Compartir cosas, expresar tu perspectiva, explicar qué te ha hecho feliz y qué desgraciada, es importante.

      Según mi modo de ver la vida, conversar y escuchar, aunque no se esté de acuerdo totalmente con lo que dice el otro, es muy importante.

      Compartir es la base para que te conozcan y te critiquen también 🙂 Ahora me atrevo a hablar de cosas que quizá hace unos años no hubiera mencionado más que a mi círculo más cercano.

      Parece que voy venciendo mi timidez 🙂 con el tiempo…

      Otra vez muchas gracias por comentar y leer mis entradas.

      Nos leemos.

      Un abrazo,
      Livia.

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