Inventando la vida

F5B

Sonrío pensando cómo ayer hacíamos una barbacoa cerca del río acarreando troncos que tú cortabas a hachazos con todo el cuerpo mojado por el sudor bajo el sol.

Y por el contrario hoy, acabamos de llegar de una de las representaciones de ballet más caras de la ciudad.

El primer día y con el único fin de impresionarme, me obligaste a entrar en Cartier en la Bahnhofstrasse, parecía que habías vivido toda tu vida en esa tienda, hasta el portero que nos abrió la puerta estaba convencido de que eras cliente habitual.

Desarrollas con habilidad esa cualidad tan tuya que te permite representar la función que quieras.

La verdad es que conseguiste impresionarme con aquel paseo por una de las calles más caras de toda Europa. Es fácil impresionar cuando todo resulta nuevo, pero no es tan fácil hacer que cada día sea distinto haciendo únicamente uso de la imaginación. Y sin embargo, ambos lo conseguíamos a diario.

Recuerdo con nitidez cómo después de tu alarde por esas tiendas tan exclusivas, lo que me impresionó de verdad fue tu vuelta a la realidad. Tu sinceridad, imposible de rechazar con un enfado y fácil de aceptar con una sonrisa.

Haciendo uso de la misma y ayudado por la noche y una botella de vino en aquel embarcadero contemplando cómo una intensa luna se dejaba caer con suavidad sobre el centro del Lago, confesaste.

Tus ojos, de un azul felino, se clavaron en mí mientras decías que tenías los francos justos para pagar los recibos del mes.

Aquella sinceridad no pudo más que vencerme y estallé en una gran carcajada, sin pararme a pensar en mucho más.

Ambos nos reímos de lo bueno que era tener amigos que se encargaban de la iluminación de la Ópera de Zúrich y que podían conseguir entradas gratis en primera fila, incluida una copa de champán en el balcón durante el descanso para disfrutar del atardecer en el Lago.

La vida transcurría entre entrevistas de trabajo diurnas, tus esculturas, tus cuadros, las joyas que tallabas con tus manos y mis febriles narraciones en el ordenador mientras tú cocinabas.

Tener más que todo eso, hubiera sido pecado, seguro.

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