Otra Noche de San Juan

Otra noche de San Juan

Volveremos a reunirnos con los que no están entre nosotros.

Alumbrados por la oscuridad de la noche, rodeados de fuego.

Millones de murmullos y brasas ardiendo que intentan quemar infructuosamente lo que hemos vuelto a hacer mal este invierno.

Por mucho que nos empeñemos en conjuros y quemas, lo cierto es que las palabras fluctuarán por el aire carentes de significado. Sólo formarán parte de un sonido más de otra Noche de San Juan que, por alguna razón que no alcanzo a comprender, me empecino en vivir. Esa noche que me trae esos olores y recuerdos, no puedo decir si buenos o malos, que cada año se vacían más de sentido y me acercan más a la certidumbre.

En algún momento todo fue mucho más fácil, ese lugar perdido en el tiempo en el que todos cantaban al unísono, ahora cada uno va por su cuenta. Sé que ese lugar existió.

Las hogueras harán que el ambiente se vuelva asfixiante, mientras, unos pocos, nos empeñamos en recordar eso que no sabemos recuperar, mientras nos dejamos rodear por gente que no se molesta en comprender, almas vacías que no ven más allá de una fiesta, donde la Queimada deja de ser tradición que rememora esos espíritus, que regresan cada año en esta noche, y la convierten en sólo una manera más de emborracharse. Qué imbéciles, las mejores borracheras carecen de motivo.

Cuando oigo mi nombre en la oscuridad, puedo sentir que han regresado para compartir la magia, que se mueven entre nosotros. Nos honran con su presencia, acercándose a saludar a los que dejaron vivos, pero vacíos.

Y esta vez no sólo las almas de los marineros fallecidos en la oscuridad del mar, que una vez los engulló porque formaba parte de su trabajo, sino también, todos los que dejaron de ser por una estúpida curva que un tren tomó a demasiada velocidad.

Siempre, todo se hace demasiado deprisa, sin pararse demasiado a vivir. Hay que acabar cuanto antes, pisar el acelerador de la vida sin pararse a sentir la lentitud de cada curva ¿Y eso quién lo dice? Quizá, los que aceleran, lo que busquen es alcanzar la muerte más pronto. Son como los que tragan sin saborear lo que tienen en la boca.

Necesitamos que alguien nos encuentre y nos lleve de regreso porque, por muchas hogueras que encendamos esta Noche de San Juan, estamos totalmente ciegos.

Nos asfixiarán lo justo para que podamos seguir de fiesta en fiesta y no oigamos el silencio que hay entre éstas. Intentando que nos olvidemos de todos nuestros muertos, recuerdos y pasado, de los que formaron parte, de unos cuantos cuentos sobre marineros y de otros tantos accidentes con más muertos. Vivamos el presente, no vaya a ser que desenterremos recuerdos que interrumpan la fiesta, pero no la nuestra, sino la de ellos.

Sé que se muere escribiendo tantas palabras y se muere más sintiendo o poniéndose en pie cada día, pero, quién sabe si, entre el incendio, los gritos y el humo, en realidad somos más los que recordamos que los que no recuerdan.

El amanecer cincelará el nuevo día en medio de un mundo de verdad, cruel, caluroso y asfixiante.

Sin embargo, y por experiencia, sé que volveré a escuchar las conversaciones a media voz de los espíritus de La Noche del Veintitrés donde todas las tragedias que fueron, estarán presentes alrededor de las hogueras.

Por lo menos, ellos tienen una causa común, los que seguimos aquí cada vez tenemos menos.

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