Pura mediocridad

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Con fingida alegría me dispongo a caminar por las estrechas y oscuras calles.

El día había transcurrido de la manera en que suelen transcurrir estos días.

Un frío propio de la estación se atreve a rozar mis mejillas sin pedirme permiso.

Las luces de las farolas, empeñadas en verter su cálida luz sobre mis pasos, me guían a través de la opacidad del ambiente y absorben de mi mente difusos reflejos de pensamientos inconexos.

Avanzo como una apisonadora, con calma, sin pausa.

Persevero en mi absurdo paseo, desafiante, casi de forma autodestructiva. Mientras, las serpenteantes calles me rodean con el monótono tesón que necesito para volver a ser capaz de pensar.

Mi paseo en solitario es un intento de recuperarme del dios de la mediocridad que hoy me ha dejado casi vacía.

No soporto con facilidad los comportamientos superficiales, me resultan intolerables y odiosos, sobre todo porque van perforando mi interior, hasta que, al final del día, dejo de sentir, más bien de sentirme. Me vuelvo huraña, lo opuesto a lo que en realidad soy.

Prefiero sentir dentro de mí lo verdadero, es entonces cuando se inflama en mi interior un fiero deseo de sensaciones fuertes, que me deja ver la vida del color que elija yo ese día.

La comodidad de la sociedad del no esfuerzo, de la autocomplacencia, de ese cuidado optimismo bien alimentado, se torna, en días como hoy, en odioso y repugnante.

El frío acariciando mi cara, el reflejo de las luces de las farolas en los adoquines de las calles, mis intensos pasos, todo ello, me ha devuelto a ese mar de sensaciones que hacen que una simple gota de lluvia me parezca un diamante, o que una sonrisa sincera me haga también sonreír. Es entonces, cuando la vida vuelve a cobrar sentido.

Ahora ya puedo regresar a casa y escribir.

 

 

 

2 comentarios sobre “Pura mediocridad”

  1. ¿sabes? hay algo de lo que no te has dado cuenta. Y deberías. Porque lo necesitas tú, y lo necesito yo y ellos. Y es que muchas veces, pero muchas, eres tú el motivo de que los demás saquemos fuerzas y demos un paso más y pongamos una sonrisa en la cara.

    Así que ahora que vuelves a ser tú, que vuelves a tener fuerza, ganas, vida… ahora escribe. Yo te espero.

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